En un país como el nuestro cuya riqueza y pluralidad
cultural nos debe hacer sentir orgullosos, no cabe duda que la educación y la formación
de nuevos ciudadanos conlleva a cambios constantes en pro de mejorar a los
programas de estudio que se desarrollan en nuestros salones de clase. Digno de
admirar debe de ser que en las escuelas de zonas indígenas se impartan
lecciones de materias como lengua y cultura indígena.
Profesionales
con este tipo de conocimientos lamentablemente no los están formando las
universidades ni el Ministerio de Educación Pública, son personas con educación
primaria básica y algo de estudios secundarios, ninguna cuenta con estudios
superiores que los acrediten como docentes que reciben un salario justo y digno
pues califican como aspirantes y su salario es meramente simbólico.
Otra problemática que enfrentan estos compañeros es la del traslado a zonas bastante remotas y distantes, deben atender varias escuelas en periodos de tiempo muy cortos y se generan pocos sentimientos de pertenencia e identidad con la comunidad educativa, lo que también da pie a que se dé poco compromiso con la causa educativa. (Espinoza, E., Mejía, N., Ovares S., 2011)
Otra problemática que enfrentan estos compañeros es la del traslado a zonas bastante remotas y distantes, deben atender varias escuelas en periodos de tiempo muy cortos y se generan pocos sentimientos de pertenencia e identidad con la comunidad educativa, lo que también da pie a que se dé poco compromiso con la causa educativa. (Espinoza, E., Mejía, N., Ovares S., 2011)
Una formación más integral y trabajo
conjunto es lo que urge en los salones de clase de las comunidades indígenas,
donde no se dé por sentado que con dar unas lecciones lengua y cultura, estamos
cumpliendo. Trabajar en la comunidad educativa no es una tarea fácil, mucho
menos en una población vulnerable y marginada por el aparato estatal desde hace
muchos años.
Es
necesario que se fortalezca la comunicación y la integración de nuevos actores
sociales en el proceso de enseñanza de estos jóvenes que pretendemos guiar
hacia un futuro que no conocemos, pero que algún día tendrán que afrontar. Es
importante que como docentes no olvidemos el papel formador y transformados que
tenemos y que en nuestras manos están las herramientas para construir un
ambiente educativo más integrador y capaz de cambiar lo que vivimos.
Es necesario fortalecer la comunicación
con las autoridades educativas y así exponer las verdaderas fallas o vacíos que
no están permitiendo un desarrollo más adecuado y fortuito de las lecciones en
las zonas indígenas. Ya que a la larga estas fallas van a calar en padres y
alumnos generando desencanto y deserción escolar, que ya es bien sabido por
ejemplo el caso del ausentismo y la inflexibilidad de horarios que rodea a la
comunidad en tiempos de cosecha, cuando los niños y sus padres deben atender
los campos para la recolección de productos y aportar económicamente a la paupérrima
condición de la familia.
Referencias
Espinoza,
E., Mejía, N., Ovares, S. (2011). El malecu: Una cultura en peligro de
extinción. Revista digital Educare. Volumen 15. Disponible en: http://www.una.ac.cr/educare.
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