domingo, 6 de noviembre de 2016

III Parte. Enseñanza de las lenguas indígenas, el caso de los docentes…

    En un país como el nuestro cuya riqueza y pluralidad cultural nos debe hacer sentir orgullosos,  no cabe duda que la educación y la formación de nuevos ciudadanos conlleva a cambios constantes en pro de mejorar a los programas de estudio que se desarrollan en nuestros salones de clase. Digno de admirar debe de ser que en las escuelas de zonas indígenas se impartan lecciones de materias como lengua y cultura indígena.
     Profesionales con este tipo de conocimientos lamentablemente no los están formando las universidades ni el Ministerio de Educación Pública, son personas con educación primaria básica y algo de estudios secundarios, ninguna cuenta con estudios superiores que los acrediten como docentes que reciben un salario justo y digno pues califican como aspirantes y su salario es meramente simbólico.
       Otra problemática que enfrentan estos compañeros es la del traslado a zonas bastante remotas y distantes, deben atender varias escuelas en periodos de tiempo muy cortos y se generan pocos sentimientos de pertenencia e identidad con la comunidad educativa, lo que también da pie a que se dé poco compromiso con la causa educativa. (Espinoza, E.,  Mejía, N., Ovares S., 2011)
       Una formación más integral y trabajo conjunto es lo que urge en los salones de clase de las comunidades indígenas, donde no se dé por sentado que con dar unas lecciones lengua y cultura, estamos cumpliendo. Trabajar en la comunidad educativa no es una tarea fácil, mucho menos en una población vulnerable y marginada por el aparato estatal desde hace muchos años.
Es necesario que se fortalezca la comunicación y la integración de nuevos actores sociales en el proceso de enseñanza de estos jóvenes que pretendemos guiar hacia un futuro que no conocemos, pero que algún día tendrán que afrontar. Es importante que como docentes no olvidemos el papel formador y transformados que tenemos y que en nuestras manos están las herramientas para construir un ambiente educativo más integrador y capaz de cambiar lo que vivimos.
          Es necesario fortalecer la comunicación con las autoridades educativas y así exponer las verdaderas fallas o vacíos que no están permitiendo un desarrollo más adecuado y fortuito de las lecciones en las zonas indígenas. Ya que a la larga estas fallas van a calar en padres y alumnos generando desencanto y deserción escolar, que ya es bien sabido por ejemplo el caso del ausentismo y la inflexibilidad de horarios que rodea a la comunidad en tiempos de cosecha, cuando los niños y sus padres deben atender los campos para la recolección de productos y aportar económicamente a la paupérrima condición de la familia.









Referencias

Espinoza, E.,  Mejía, N., Ovares, S. (2011). El malecu: Una cultura en peligro de extinción. Revista digital Educare. Volumen 15. Disponible en: http://www.una.ac.cr/educare.

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