La situación sociolingüística actual de
Costa Rica en lo relativo al estado de conservación de las lenguas minoritarias
y su proceso de desplazamiento encuentran amenazados, pues sus esferas de uso
continúan reduciéndose y su transmisión intergeneracional ha cesado por completo o muestra signos de haber disminuido drásticamente.
Quesada Pacheco (2008) sostiene que la interferencia del español en las lenguas
vernáculas varía de acuerdo con el tema y la modalidad discursiva. Así, la
narrativa tradicional suele presentar pocos hispanismos, mientras que los
intercambios cotidianos muestran mayor influencia del español.
Como bien lo indican Espinoza, E. et. al.
(2011) “la escuela, tradicionalmente
un mecanismo de aculturación, no ha contribuido a reforzar la identidad malecu;
por ejemplo, los estudiantes reciben las lecciones de materias básicas en español,
se les enseña la lectura y la escritura del español y cuando ya lo leen y lo
escriben, se les enseña su lengua; esto, porque la norma ha sido la enseñanza
del idioma oficial: el español. Si bien es cierto que en la actualidad hay
políticas educativas que contemplan la revitalización del uso de las lenguas indígenas,
también es cierto que hay ausencia de estrategias de aprendizaje para las lenguas
autóctonas.”(p.72)
El malecu muestra un dominio muy
limitado, pues se emplea en los hogares en los que residen los ancianos
y personas mayores, y quizá en algunos encuentros culturales, pero, a
pesar de que muchos adultos pueden entenderlo y hablarlo, no
siempre lo emplean. La pérdida de la comunicación oral y de la transmisión de
los conocimientos aportados por los ancianos ha provocado que ya no se practiquen
o no se manifiesten muchos elementos que eran propios de la cultura y la
cosmovisión malecu.
La oralidad en las culturas indígenas se
define como fugacidad y permanencia; es la conjunción entre lo inmediato y lo
mediato, entre la memoria ancestral y la no memoria. Este fenómeno doble ha
permitido a la oralidad debatirse entre el mundo de la cultura escrita y
transformarse. Las culturas orales existen porque tienen una historia y valores
comunes, pero las culturas escritas parecieran no contar con esta fortaleza, se
cree que al estar en los libros, las tradiciones no se pierden, por lo tanto,
la memoria no es fugaz.
Sanchez (2014) en su estudio “Muerte de
lenguas y lenguas en peligro en costa rica: la perspectiva exocomunitaria”, menciona
que el interés académico por la desaparición de los idiomas autóctonos no es reciente. Por
el contrario, ya desde finales del siglo XIX, desde los trabajos pioneros de documentación y descripción
de las lenguas amerindias, se vienen enfatizando
las causas, síntomas y desarrollo de este fenómeno. Esto significa que existe conciencia sobre la muerte
de lenguas desde los estudios pioneros, los
cuales no responden ni a la preocupación reciente ni al discurso
internacionalizado acerca de las lenguas
en peligro.
Referencias bibiográficas:
______
(2008). “Las lenguas ístmicas: entre obsolescencia y resistencia”. En: Letras 43:
23-37.
Espinoza, E (2011) El malecu: Una cultura en
peligro de extinción. Revista Electrónica Educare. Vol. XV, No. Extraordinario.
Quesada, M. (1995) “Revitalización de las
lenguas indígenas de Costa Rica: el caso del boruca”. En: Herranz et al (eds.):
101-128.
Sánchez, C. (2014)
“Muerte de lenguas y lenguas en peligro en costa rica: la perspectiva exocomunitaria”.
Filología y Lingüística 40 (1): 173-196,
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